les contaré mi historia de amor casi imposible.
Todo sucedió hace 3 años cuando yo tenia 13. Era una preciosa tarde de verano, estaba yo con mi hermano por el barrio de San Pedro y San Pablo jugando con varios amigos míos. Eran casi las diez y media y quise regresar a casa para cenar y ver la televisión.
Yo vivo en un recinto privado donde cada día vigilan unos guardias de que no suceda nada malo. Cuando iba a entrar, lo vi, el chico de mis sueños, amor a primera vista. Era nuevo y me di la mayor prisa para verlo más de cerca. Al pasar por delante de él me inventé una rima: Oskarín Kara Ermokín que no sé ni lo que significaba, pero lo hice para llamar la atención, y lo conseguí. Se me acercó y me dijo:
“Yo me llamo oscar ¡eh! ¿A quién le decías esa ocurrencia?”.
Yo me quedé en blanco, de la verguenza y le pedí disculpas sin mirarle a la cara.
Después levanté la cabeza para verle y en ese momento sentí que Cupido me lanzo la flecha de amor. Me enamoré de su sonrisa, de sus ojos tan azules, de todo…. Estaba muy nerviosa así que me despedí de él y me fui riendo con mi hermano por aquella experiencia. Fue pasando el tiempo hasta que un día frío de invierno lo vi trabajando, así que se me ocurrió la idea de llamar a mi amiga para que lo viera y lo hice. Empezamos a hacer tonterías y volteretas y saltos para atrás para que nos mirara y en efecto lo hacía. Se me volvió a acercar y me preguntó:
“¿Haces gimnasia rítmica? ¿Porque lo que hacéis es muy difícil, no?”. Entonces soltó una de sus tantas sonrisas perfectas. Yo le contesté:
“¡No! Esto lo hacemos en gimnasia y bueno se me ha dado por enseñarle a mi amiga lo que hacemos”.
Eran las ocho y media de la tarde y se iba a ir. Le dije a mi amiga que me había enamorado de él entonces ella me dijo que le preguntara su edad y así lo hice. Me dijo que tenia 21 años. Se despidió de mí y me dio dos besos en la cara. Me puse roja como un tomate de la verguenza.
Pasaron los meses y yo sin verle. Me decía a mi misma que lo olvidara porque se marchó, pero no fue así. Fui de compras con unas amigas por el barrio cuando lo vi besándose con una mujer muy bella. Estuve unos segundos mirándolos a los dos como unían sus labios en un profundo beso. En aquel momento se giró y me vio. Yo me puse a derramar lágrimas del dolor y me fui corriendo.
Después de aquel loco suceso me lo fui encontrando más a menudo. Siempre se acercaba para contarme chistes e incluso dejaba su puesto de trabajo para jugar conmigo y sus amigos. Poco a poco fui averiguando más cosas como su coche y donde vivía. Su coche: un Renault Megane coupé amarillo, para distinguirlo de los otros llevaba “con sidrina nun fai falta gasolina”. Su casa: no fue muy difícil dar con ella puesto que siempre que salía de las clases lo veía.
Todo fue a la normalidad y yo seguía enamorada de él como nunca lo hice con ningún otro chico.
Todo era felicidad hasta que 3 años después me dijo:
“Me iré de aquí a 3 meses, y creo que no nos volveremos a ver”.
En aquel momento el mundo se me vino encima y el corazón se me partió en miles de millones de pedazos.
Ahora han pasado 2 meses y medio y cada vez lo veo menos. Creo que no voy a poder olvidarlo porque siempre me hacía reír y aún recuerdo aquel 13 de octubre de 2007 cuando me invitó a un par de refrescos. No sé qué hacer cuando se vaya. Cada vez queda poco y me gustaría que el mundo se detuviera por unos instantes para estar más cercana a él. Me da igual que tenga novia y que tenga 24 años porque siempre le amaré.
oscar, si lo lees algún día, te amo y siempre lo haré hasta el final de mis días. Sólo quiero que recuerdes una cosa: ¡Con sidrina nun fai falta gasolina! Y aquellas pintadas en los cristales, las hacía yo. Todo lo que encontrabas de oscar te amo y todo eso, lo hice todo yo. Tu única y mejor amiga que has conocido y que siempre te esperará.


0 comentarios :
Publicar un comentario